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Death Stranding, Hideo Kojima y los juegos de autor

Hideo Kojima, 30 años después.

El pasado 29 de mayo, Hideo Kojima se graduó (de forma masiva y con honores) de autor. Quienes llevamos años en el terreno jugón lo sabíamos, pero ni el más fan estaba preparado para lo que pudimos ver de Death Stranding.

En un mercado donde todo lo referido a entretenimiento está normalizado, parejo y emparentado, ver una propuesta como Death Stranding es uno de los fenómenos más únicos que he podido presenciar en mis 30 años consumiendo videojuegos. Un nivel de originalidad, propuesta, identidad propia, misterio, contexto y escala que no se parece a nada que hayamos visto. Hey, incluso tras cinco tráilers a cuestas, aún no entendemos bien qué es… y todo eso comienza y termina en la holística influencia de su guionista y director, Hideo Kojima.

Tabula Rasa

La salida de Konami por parte del creador de Metal Gear fue, por decirlo menos, un espanto. Kojima la pasó pésimo, mientras Konami quedó enlodada por su tremenda falta de tino y pericia comunicacional. Esto no hizo más que elevar la figura de Kojima como un genio, uno que se estaba desperdiciando con gente que no lo comprendía y/o no lo valoraba, además de humanizarlo. Durante 2018 compartió en su cuenta personal de Twitter su sentir al respecto; a pesar de ser un tipo admirado y consolidado en la escena (siendo el director más reconocido de la industria), tuvo miedos y dudas de pasar a trabajar de forma independiente, después de décadas de trabajar directamente para Konami. Pero repito, todo este episodio sólo potenció exponencialmente lo que quería y podía hacer.

Death Stranding

Gracias a su salida, a la cercanía y rápida acción de Sony Interactive, PlayStation aseguró a Kojima en su rancho. Con su currículum por delante, el desarrollador japonés se vio en el quizás escenario más beneficioso que jamás haya tenido nadie en la industria: tuvo carta blanca. Un “haga lo que quiera, nosotros lo apoyamos… haga SU juego”, un nivel de libertad y alcance inusitado pero merecido. No estaba bajo una compañía que lo forzaba a hacer otra secuela, a trabajar dentro de ciertos márgenes con un determinado espacio a la creatividad. Ahora contaba con la posibilidad de hacer el juego que siempre quiso, 100% suyo y vaya a saber uno hace cuánto tiempo venía cocinando Death Stranding, esperando la oportunidad de poder crear a sus anchas.

Propuesta y Directores

Death Stranding llega tal vez en el mejor momento. Un Kojima en su versión más madura, que ha vivido el fracaso y el error y ha tenido la oportunidad de aprender para pulir sus ripios; aún queda algo de ese cineasta frustrado con impulsos adolescentes que impregnó al desarrollo de videojuegos con su amor por el cine, por la narrativa y los clásicos, por la acción y las propuestas. Lejos (espero) quedan esas cinemáticas de 2 horas ininterrumpidas o el gameplay más derivativo de sus juegos de hace dos o tres generaciones; con el pasar de los años vemos que equilibra mejor (pero no a la perfección) la narrativa y el jugabilidad, la mezcla de guion, escenario, alternativas de juego y tecnología para entregar nuevas experiencias interactivas a los jugadores.

Ese es su sello, su identidad como autor. Un tipo que escribe el juego que quiere contar y diseña el juego que quiere que juguemos, con misterio, cuento y enigma en cada rincón posible… y es la generación donde los autores han comenzado a consagrarse. La industria ha llegado a ese momento donde la personalidad y la propuesta de juego ya puede ir asociada a un nombre, a alguien que asegura un estilo de qué es y qué ofrece. Si bien Kojima es un adelantado al fenómeno, nombres (entre otros) como Masahiro Sakurai, Hidetaka Miyazaki y Cory Barlog hoy no son sólo sinónimos de calidad, sino de ideas, propuestas y ejecución. La gente quiere jugar sus juegos, ver más cosas asociadas a sus nombres y a sus sellos.

En una industria donde a veces todo parece un refrito, los autores y sus ideas brillan y destacan, cambian y elevan el medio, desafían la norma (por su propuesta, decisión e incluso valentía de ir contra la corriente) y generan simpatía y admiración. Aún mejor, acallan en cierta medida los miedos a nuevas propuestas y abren puertas a nuevos juegos, a que los productores teman menos a apoyar ideas más radicales, a estar más dispuestos a recibir conceptos lejanos a “comprobadas fórmulas” y su éxito e influencia ayuda a empujar a la industria como un todo.

Death Stranding: Marketing y Misterio

Además, Kojima es un creador involucrado. Puede ser un complejo obsesivo compulsivo, un exceso de control… o un tipo que tiene una visión tan clara que hasta edita sus propios tráilers. Gracias a la confianza ciega de Sony Interactive, finalmente hemos visto a un Kojima desatado, que no se guardó nada ni respondió a ciertos límites que cohíban su visión. Desde 2016 hemos visto cinco avances, sólo dos de ellos con miserables secuencias de gameplay… y, sin embargo, ya está a la preventa un juego el cuál no sabemos bien qué es ni de qué se trata. Puedo resumirlo como un juego de acción y aventuras de ciencia ficción en mundo abierto con elementos de sigilo, terror y thriller político, además de soledad, búsqueda interior y posibles viajes en el tiempo (o a realidades paralelas) y, a pesar de ello, lo más seguro es que esté errando o me quede corto en ese resumen.

Mientras la tendencia en los trailers es mostrar más y sobre explicar en el cine, Kojima muestra más, fascina más y entendemos menos. Lo que podría ser una pesadilla para marketing (“¿cómo mierda vendemos esto”?) resulta ser una bendición: el misterio es tal que genera sano morbo, intriga de entender qué es, qué diablos está pasando y cómo se va a solucionar. Su misterio convoca y atrapa, haciendo que la gente genere y comparta sus teorías, busque respuestas y lo transforme en un tema fascinante. Creo que la primera vez en mi vida que sé y entiendo tan poco de un juego pero debido a ello no puedo esperar a que llegue el 8 de noviembre de 2019 para poder jugarlo. Un misterio de pesadilla bien planteado, mostrado calculadamente y a cuentagotas, apoyado por uno de los nombres más reconocidos de la industria es todo lo que hizo falta para transformar de un día para otro a Death Stranding en uno de los juegos más esperados y el más misterioso del año.

Yo sé lo que es Death Stranding

Luego de meditar durante unas horas, sé lo que es Death Stranding. Es un juego donde finalmente Kojima pudo consolidar su trabajo de 30 años, dándole la posibilidad de hacer lo que siempre quiso, con lo que siempre quiso y en la medida que siempre quiso. Death Stranding es la culminación de un viaje como creador que Kojima comenzó con Metal Gear en 1987, buscando dar gameplay y narrativa, espectáculo y moraleja. Es la oportunidad de contar y hacer un juego en sus términos, como el puto amo y enrostrarle a quienes lo rechazaron que sabía lo que hacía, que estaba en lo correcto y que se farrearon a una de las mentes más únicas de la industria del entretenimiento.

Death Stranding tiene una premisa tan única que podría haber sido un libro, una película o una serie de TV y estaríamos hablando de ella igual, porque no se parece a nada que hayamos visto. Es el resultado de la imaginación de un hombre con una mente sin tiempo, que mezcló su amor por el cine, por los mundos y estilos de David Lynch y George Miller con la pasión y posibilidad de hacer videojuegos.

Repito: Kojima es un hombre sin tiempo. Uno que hablo de la genética y cómo puede o no controlar nuestras vidas en 1998, que vio el manejo de la información y el horror que son las fake news en 2001, que se adelantó a los ejércitos privados y al negocio de la guerra robotizada en 2009. Uno que, con un guion con génesis en 2015/16, habla de un mundo desunido e individualista, que busca crecer y sobrevivir pero vive en el miedo, que plantea que si queremos futuro es necesario unirse y establecer puentes. Esto en un mundo que acusa una visión clara desde su creación, una identidad consecuente y progresiva desde el primer tráiler; si uno los ve en seguidilla, se nota que hay narrativa y una mística consolidada, un mundo claro y creíble dentro de su locura. Don Hideo la tenía clarita desde el momento uno. Lo dije una vez y lo vuelvo a repetir: no sé en qué frecuencia ni de dónde viene un tipo como Hideo Kojima. No sé de qué año ni qué planeta viene este tipo.

Tengo reparos con Kojima. No es un santo ni todo lo que hace merece devoción ciega (ni él ni nadie). Su preferencia por personajes bonitos y blancos, donde las minorías siempre resultan caricaturas, alivio humorístico y/o son los malos, además de su trato juvenil a la sexualidad y a la imagen femenina, me genera ruido y cierta distancia. Pero en un mundo y una escena donde todo parece hecho, donde te dicen que un producto debe ser “sencillo” para ser masivo y exitoso, donde las historias deben ser simples o que deben tener battle royale para ganarse un espacio, llena Death Stranding y les muestra el dedo de en medio. Un juego tan incomprensible como fascinante que va camino a las 4,5 millones de views en el canal oficial de PS en YouTube en 24 horas.

Ojalá todo termine cuajando en un gran juego. Ya no sé ni qué pensar. Permiso, me voy a escuchar a Apocalyptica.