¿Por qué (no) terminamos los videojuegos que empezamos?

Hace unas semanas atrás empecé a jugar Bulletstorm (gracias PlayStation Plus). El juego en su versión remasterizada se ve bastante bien y si a eso se le suma que el juego tiene un diseño bien directo y lineal, en su momento me vino como anillo al dedo: quería escapar de los mundos abiertos de escala bestial.

Bulletstorm es un buen juego pero, para bien o mal, nunca me molesté en terminarlo. Pese a ser relativamente corto, lo dejé después de cierto jefe y no volví a retomarlo porque seguí con otras cosas y también porque sentí que no había nada más que ver ahí. Bulletstorm se hace medio repetitivo luego de unas horas y lo novedoso de la mecánica de matar enemigos con estilo se agota rápido.

Después de Bulletstorm, continué con Doom. Y al momento de escribir este artículo sigo sin terminarlo. No porque me parezca malo ni nada -de hecho, su diseño se me hace excelente-, sino porque en el camino di con nuevas experiencias que me causaron mayor interés que seguir jugando Doom, al menos por ahora. La cuestión es la siguiente: dejar los juegos “tirados” antes de terminarlo parece más común de lo que se cree.

¿Cómo terminar un videojuego?

La pregunta entonces es, ¿por qué sucede esto? ¿Cuántos juegos buenos empezamos a jugar y nunca les vemos el final? O dicho de otra forma, ¿qué tiene que tener un juego para hacernos llegar al final luego de 20 o 30 horas? Un ejemplo personal que me parece apropiado es el de Mafia III, juego que pese a todas sus falencias de diseño, sí fui capaz de completar hasta el final porque el guión me pareció lo suficientemente interesante como para seguir enganchado al juego, aún a sabiendas de los problemas de su ejecución.

Mi experiencia con Mafia III se reduce a lo siguiente: de alguna forma, me estaba dando algo que valoré en su momento. En este caso fue la historia, pero en otros casos puede ser algo tan distinto como un gameplay loop bien ajustado que haga que difícil soltarse del juego.

Con Mafia III, pese a todo, sentí que estaba experimentando algo interesante, aún cuando se trata de algo super subjetivo; asumo que la mayoría de la gente no terminó Mafia III porque no les importó la historia y el sistema de juego no les pareció suficientemente bueno como para seguir. Por contrapartida, me costó más trabajo terminar Assassin’s Creed Odyssey ya que si bien pienso que es un juego muy superior en todo, el arco argumental se extiende demasiado y llega un punto en el que simplemente dejé de sentir interés en continuar con la experiencia.

El “problema” que hay con los videojuegos en este sentido es que la inversión para entrar en ellos a veces llega a ser demasiado grande. No solo por el precio -evidentemente es un factor importante- sino también porque mientras un disco de música se termina a los 40 minutos y una película a los 120, en un videojuego pasan dos horas y apenas terminó el tutorial, mientras que la experiencia recién empieza a madurar a las 6, 8 o hasta 10 horas, dependiendo del tipo.

Y evidentemente, hacer que un producto con un limitado set de interacciones se mantenga fresco después de una cantidad importante de horas no es algo muy trivial ni fácil, aún cuando hoy día una parte de la industria se empeña en crear videojuegos cada vez más grandes y que otorguen mayor “libertad”.

El tiempo personal es demasiado valioso

Por lo mismo, no veo ningún problema en dejar un juego a la mitad o sin terminar cuando este deja de ser una actividad placentera o que valga la pena disfrutar, porque a la larga el tiempo que uno dispone para esto es limitado y ¿por qué habría que desperdiciarlo en tareas medio tediosas?

En general soy de los que cree que si uno no está obteniendo nada de valor al momento de experimentar una pieza artística, del tipo que sea, no tiene ningún sentido “obligarse” a llegar al final solo porque sí, porque costó caro o el motivo que sea. Pero claro, ese soy yo.

Acerca de Raúl Estrada

Escribí sobre videojuegos y tecnología por muchos años, no pretendo parar ahora.

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