Review: No Man’s Sky NEXT

Nunca jugué No Man’s Sky en su versión vainilla (léase: versión original, en este caso de PS4/PC). Sí estuve muy enterado de la polémica por todas las cosas que debía traer y no traía, pero siempre lo observé desde lejos. Por lo tanto, mi primer acercamiento real al juego lo tuve ahora con su estreno en Xbox One.

Y la experiencia me dejó un sabor un poco agridulce que intentaré explicar en las siguientes lineas.

Sin lugar a dudas, un concepto como este es ambicioso y quizás más grande que lo que un equipo pequeño como el de Hello Games puede implementar en el tiempo original. Quizás No Man’s Sky necesitaba dos años extra de desarrollo y por eso, la versión actual (llamada también No Man’s Sky NEXT) se siente desde el primer minuto como un juego completo.

Ahora bien, sin saber exactamente como era el original, en ningún caso me parece que a No Man’s Sky modelo 2018 le falte algo. Por el contrario, siento que me falta demasiado por hacer y que es imposible verlo todo a menos que alguien tenga una debilidad extrema por estos juegos que en cierta forma, parece más de estrategia y de gestión que de exploración.

Porque No Man’s Sky acompaña al jugador de dos formas opuestas y unidas desde el primer minuto. En una de ellas, lo deja tirado en un planeta extraño sin mayor contexto que unas crípticas transmisiones radiales, obligando a ensamblar una pequeña historia que explique los por qués. Y le muestra un espacio gigante para recorrer y explorar, haciéndole creer que no hay límites.

Excepto que sí hay y esa es la segunda forma en cuestión. Los límites son los recursos de la nave, por ejemplo, que no puede despegar porque no tiene combustible y ese combustible hay que, primero, aprender a procesarlo y obtenerlo de una refinería. Y luego, seguir haciéndolo de forma constante porque o si no, la nave no se mueve y así quien puede moverse.

Sí, lo anterior es apenas un ejemplo pequeño, pero es una muestra de como No Man’s Sky amarra al jugador con una cuerda bastante suelta y cada cierto tiempo, tensa esa cuerda para recordarle que hay órdenes que cumplir. Hay planetas que explorar, vida vegetal y animal que descubrir y todo con una finalidad. Hay que aprender a relacionarse con entes que usan dialectos extraños, comerciar con ellos y descubrir formas para no quedarse atrapado en un planeta y seguir avanzando hasta llegar al centro de la galaxia.

Todo este proceso de descubrir cosas en No Man’s Sky es, a mi parecer, más lento de lo apropiado. También es posible que yo sea impaciente, pero siempre me ha pasado que cuando un juego me engancha, el paso de las horas no se siente. Por lo anterior, No Man’s Sky me parece que es un producto para un público bien específico que aprecia sin chistar el hecho de resolver los desafíos que plantea el juego de forma cansina.

Por supuesto, eso último tiene que ver con la escala de No Man’s Sky. El juego es verdaderamente gigantesco y por ende, los desplazamientos son más demorosos. No me interesa entrar a desmenuzar las ventajas y desventajas del método procedimental, pero sí creo que de otra manera es imposible crear un producto como este. Otros juegos conocidos por su escala, como Just Cause 3 o The Elder Scrolls Online, están limitados debido a que nada es al azar; todo existe y está en un lugar determinado porque así lo decidió un diseñador.

No Man’s Sky, en ese aspecto, es superior. En cierta forma aquello es parte de su mojo al no tener rutas predeterminadas (excepto, claro, los lineamientos de las misiones) ni planetas iguales entre sí (esto último es un poco debatible porque a la larga hay patrones que se repiten, pero se entiende la idea). A su vez, las variables que se manejan en cada uno de esos planetas y cómo estas influyen en las actividades que el jugador realiza son un punto vital a considerar y muy evidente desde el primer momento.

Me pasó en muchas ocasiones que, en medio de una cosecha de minerales por ahí, se vino una tormenta u ola de calor que me obligó a volver con desesperación a mi nave/refugio porque no tenía materiales para recargar los varios sistemas de protección contra el medioambiente del protagonista. Y tampoco tenía tiempo suficiente antes del evento en cuestión para salir a recolectarlos.

Ese, me parece a mi, es uno de los encantos de No Man’s Sky: su aleatoriedad. Que sí, a la larga puede ser repetitiva, pero si la idea inicial era crear un juego donde ninguna partida ni ninguna experiencia fuera igual a la de otro jugador, el objetivo está logrado.

No Man’s Sky es, eso sí, una obra cuya aceptación por parte del público puede ser muy variada, incluso más que lo normal en videojuego promedio; a mi, me cuesta demasiado disfrutar este tipo de productos porque suficiente rutina tengo en mi vida como para sumar otra más así de pesada en el mundo virtual. Pero sí, puedo entender completamente a los que abrazan esta(s) experiencias(s) sin ataduras, porque para no ver las bondades de No Man’s Sky habría que pecar de ciego: aleatoriedad, dinamismo y un espacio que se siente de verdad infinito.

Pese a lo anterior, me queda la sensación de que la libertad y los secretos que esconde este universo virtual terminan siendo limitados por un loop de jugabilidad demasiado rutinario para un juego así de inmenso. Lástima.

6

Copia de review facilitada por Microsoft.

Acerca de Raúl Estrada

Escribí sobre videojuegos y tecnología por muchos años, no pretendo parar ahora.

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