Review de RAD: El fin del mundo es procedural

RAD

Voy a empezar este review de RAD (estilizado lo escribiré siempre) con una conclusión: RAD es un notable producto de nicho. Con todas las piezas en su lugar y algunas ideas muy buenas, pero a la larga, un juego de nicho que no creo sea del agrado de todo mundo.

Centrándome en eso último (y tratando de escribir un texto conciso, porque para la profundización está nuestro NOOBCAST dedicado al juego), la pregunta es ¿para quién es RAD? Creo que los amantes del esquema tipo Diablo se sentirán en su lugar con la vista isométrica, el control directo -que bien podría ser un click click click, pero vivimos en una época de consolas- y las especializaciones y objetos que se van obteniendo a medida que avanza la aventura.

El objetivo en RAD es muy sencillo: controlando a un personaje de la manera descrita arriba, hay que ir superando niveles que en cada partida se generan al azar, siguiendo siempre un mismo set de reglas. Al eliminar enemigos, la barra de radioactividad aumenta; al completarla, se consigue una mutación (también al azar). Con esa mutación se gana una nueva habilidad que permite enfrentar el aumento de dificultad con mejores herramientas y así avanzar nivel tras nivel hasta ver el final del juego.

Ahora, un detalle importante es que en RAD hay permadeath, o muerte permanente. Esto significa que al morir, todo el juego parte de cero y lo único que se guarda para la nueva partida son unos objetos muy específicos (armas) y el dinero, en caso que se haya guardado en un banco en medio de la partida. Luego, cuando se comienza otra vez, tanto el diseño de los niveles como las mutaciones que se van consiguiendo son aleatorias, lo que trae ventajas y desventajas para un juego como este.

Una de las ventajas es que el juego se mantiene siempre fresco, más allá de que después de unas horas las reglas de generación de niveles se hagan evidentes. En mi caso particular, y teniendo afinidad con los juegos tipo Diablo, cada partida nueva significó un “ahora sí que llego más lejos” (y la mayoría de las veces, fracasando), tanto en mi afán por efectivamente llegar más lejos como también por la curiosidad de ver que combinación de mutaciones me aparecía en el camino. Al final, estos juegos tienen mucho de eso de lootear a destajo y RAD en eso no es la excepción.

Pero este esquema también tiene algunas desventajas y una de ellas es que, en algunos casos, depender del azar hace que el juego se sienta un poco desbalanceado. En lo particular, RAD tiene una curva de dificultad no muy exigente aunque el primer potencial problema es la -valga la redundancia- primera mutación. Si esa mutación no entrega un ataque a distancia, pasar el primer jefe es una tarea bastante compleja.

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Afortunadamente, entre las mencionadas asistencias está el hecho de comenzar con una mutación de ataque a distancia, lo que elimina esa chance de quedar atascado en el primer jefe. Sin embargo, también me hice la pregunta ¿por qué no dar la opción de que la primera mutación conseguida sea a distancia, en vez de comenzar desde el principio con una mutación? A mi juicio aquello hubiera sido una mejor solución pero claro, no soy desarrollador de Double Fine.

Fuera de este detalle que no es taaaaan grave, RAD no tiene demasiados elementos cuestionables o que atenten contra la calidad y el ritmo de la aventura. El juego es sencillo de entender; recorrer el nivel tanto por arriba como por los dungeons, conseguir en cada uno de ellos las piezas necesarias para abrir el acceso a el o los jefes y una vez eliminado, seguir adelante o volver al hub inicial para guardar dinero, cambiar una que otra arma y etcétera.

RAD

RAD es un muy buen producto, dado lo descrito arriba. Pero repito, es un juego de nicho. Es un roguelike muy basado en lo procedural y en repetir la aventura unas cuantas veces y sin perdón para la derrota, con excepción de un artefacto que salva de perder pero que posiblemente no se consiga en todas las partidas. Por lo tanto, todas las personas que detesten no poder controlar las reglas del juego o seguir un patrón bien definido, seguramente no se vayan a sentir como en casa en RAD.

Pero como esto es mi opinión personal y no la de nadie más, entonces escribo sin temor a nada que RAD es un juego aprecio bastante. Sus mecánicas son correctas, el sistema de generación de niveles hace que el juego sea dinámico todo el rato y el nivel de desafío es muy bueno, sin caer en el extremo de lo difícil. He jugado alrededor de 10 horas y planeo seguir unas cuantas más, hasta dar con la partida perfecta. No cabe duda que Double Fine sabe lo que hace.

RAD cuesta 20 dólares en PS4, Xbox One, Nintendo Switch y PC. Copia de review facilitada por Bandai Namco.

Acerca de Raúl Estrada

Escribí sobre videojuegos y tecnología por muchos años, no pretendo parar ahora.

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